Frágil #UnCuentoContraCara

 

Solo una especie perfectamente adaptada a su difícil entorno puede ser tan fuerte para sobrevivir en condiciones extremas, pero tan frágil como para morir si estas son alteradas.

Y la historia de hoy transcurre en los empinados paramos de nuestro diverso país, donde entre la penumbra, la niebla y el frio paisaje se observa erguido al cielo, creciendo lentamente y aprovechando al máximo su entorno para seguir viviendo.

Años pueden haber tomado llegar hasta esa altura, las acolchadas hojas ayudan a condensar la humedad de la niebla y retenerla como agua purificada en las raíces, que alimenta las montañas los ríos y quebradas con tan vital líquido.  Siendo este el escenario donde se ha logrado mantener protegidos algunos años de crecimiento vegetal, para conservar esta maravillosa flora.

Pero un día vino alguien y por codicia o ignorancia con su arado inescrupuloso arraso miles de años de historia en las montañas, fue capturado infraganti, pero ya el daño estaba hecho. Lastimosamente el páramo no solo alberga estos seres maravillosos que nos regalan gota a gota toda su vida; también contienen minerales y territorio que puede criar ganado o agricultura intensiva, ya que el porcentaje de humedad es alto.

Nadie más lloro esta masacre salvo un cuidador de la zona que sabía lo que había tardado en desarrollarse el páramo, él era amigo de las plantas y las estudiaba cuando de repente enfermaban y empezaban a morir, algunas en ciclos naturales de vida, cambios en las condiciones del suelo y otras envenenadas por las mismas causas, expansión de la frontera agrícola y explotación de recursos.

Habiendo sobrevivido a tanto, siglos de evolución para tolerar las frías nieblas, años de crecimiento y desarrollo aprovechando cada recuso al máximo se pensaría que una especie nativa tan endémica seria fuerte, pero no, no se puede escapar de la destrucción humana.

La ambición llego hasta la montaña y sobrevino los cuidados del guarda de los páramos que hoy llora con amargura al ver la obra maestra de la destrucción, secando la montaña y envenenando el suelo mueren por cientos los frailejones allí no paro todo cuando la antorcha prendió la montaña hermosos fulgores de destrucción devoraron las frágiles plantas que ya no van a purificar el agua.

Ya está listo el escenario, ya murió el espíritu del páramo en el frailejón ¡que venga la minería!

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