Hágase la guerra otra vez

 

Se devuelven a la guerra, fue la noticia que se conoce hoy que entristece a un país entero.

No pudimos, nos quedó grande consolidar una paz real y reconciliarnos, para muchos la noticia que hoy se hace pública, en la que parece Iván marqués, Santrich y el Paisa nuevamente armados y en pie de lucha, ya se veía venir, esa paz jamás existió y solo fue una estrategia de Santos para ganarse el Nobel, ese argumento va sustentado en el odio hacia las FARC y por ende el deseo de la lucha armada, porque si no se negocia y se acuerda la paz el otro camino es el combate con la fuerza del estado, en esta decisión no hay puntos medios.

Si bien el acuerdo de paz era un necesario primer paso para superar la guerra, sabemos que no iba a ser fácil, era el camino que nos ayudaría a salir del circulo de violencia y el odio entre propios y hermanos. El acuerdo a pesar de todas las complicaciones mostró resultados muy positivos en cuanto al balance que se puede hacer de víctimas, guerra y muerte. Pero eso no parecía ser suficiente para los detractores que esperaban que mágicamente pasaremos de la guerra a la paz sin dar estos necesarios pasos.

Lo primero que se evidenció fue  el aumento de los cultivos ilícitos a la par de la reducción de victimas de combate armado, de la mano con las prohibiciones del estado y la regulación y las zonas desatendidas que antes ocupaban las FARC y ahora eran territorios del narcotráfico, como las medidas regresivas del gobierno, trajeron consigo un recrudecimiento del narcotráfico que impulsaba los detractores del proceso.

Paralelo a esto la poca o nula capacidad del gobierno para atender el proceso que terminó comprometiendo alrededor de  150 vidas en lo corrido de año  de ex guerrilleros que eran blanco desarmado para algunos, la falta de oportunidades, y los constantes ataques alentaron que jefes y cabecillas guerrilleros desistieran del acuerdo y regresaran al monte. Y aunque muchos dicen que la ruptura del acuerdo es bilateral lo cierto es que después de más de dos años se tenían muy pocos avances en los procesos, principalmente en el ámbito jurídico donde persecuciones jurídicas y mediáticas acrecentaban la desconfianza entre las partes.

¿Debía el estado someterse a la voluntad de las FARC?

Hechos como este traerán consigo repercusiones políticas, sin duda, pero ¿qué rol debería  asumir el gobierno? Si bien muchas personas no estuvieron de acuerdo con la firma de la paz y lo demostraron así en el plebiscito, legalmente había un tratado y un compromiso que se debía respetar, más que usar la percepción política con respecto a esta decisión para romper unilateralmente y desentenderse de los compromisos. Todas estas dilaciones y desacuerdos entre lo político y lo legal ya establecido enviaban mensajes de inconformidad a las partes.

Finalmente hoy se da la noticia que tres cabecillas vuelven a la guerra, retoman las armas y deciden enfrentar el estado por la fuerza insurgente, la zozobra embarga a quienes apoyan el acuerdo y alienta a quienes no, entendiendo que incluso la guerra permite capitalizar fuerza política cuando a quienes cree firmemente que la manera es combatir fuego con fuego, se les da la razón justificando la muerte, el asesinato y el incumplimiento. Hoy estando ante los ojos del mundo enviamos un mensaje poco alentador, como sociedad no pudimos superar nuestro conflicto interno, y con el tema político en la mesa tendremos muy probablemente un claro retorno a la violencia desde sus nuevas gestas y organizaciones.

 

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