2018, ¿Otra vez los mismos?

Estamos ad portas del círculo vicioso que cada cuatro años tiene su punto de nacimiento y de continuidad histórica en nuestra nación y que ha regido nuestros destinos desde que fue fundada la república de Colombia e incluso desde mucho antes, pues si bien no había una llamada —en el papel— ‘democracia’, los primeros avasalladores españoles y sus descendientes hacían las veces de los que hoy conocemos como mandatarios elegidos por voto popular. Su equivocada aunque intencional manera de gobernar ha tornado nuestro cotidiano vivir en un infierno, paradójicamente, habitando un paraíso.

¡Sí!, un paraíso de incomparable exuberancia natural, belleza y riqueza y que, en contraste, es uno de los países más desiguales del mundo (1), el segundo más desigual del continente (2), con uno de los peores sistemas educativos (3), el país más violento del hemisferio y uno de los diez más violentos del planeta (4), entre otros pesados lastres a los que nos han condenado.

¿Cómo es posible que un suelo rebosante de condiciones privilegiadas sea atravesado por una de las pobrezas y subdesarrollos más prominentes de la tierra? La respuesta es tan sencilla como indignante: la extrema desigualdad en la distribución de su riqueza. ¿Y los causantes? Es tan obvio y conocido: la clase dirigente y su círculo oligárquico.

Las castas políticas que históricamente nos han gobernado conservan y conservarán el mismo trato hacia nosotros los del pueblo. Nos han visto y nos verán como sus sirvientes y no como a sus compatriotas, a quienes se deben. Sus inmensas fortunas y desmedido poder provienen del engaño y sometimiento del pueblo a sus designios; para eso es que gobiernan, para sus intereses y la salvaguarda de estos, aunque los principales opresores están detrás del telón del sainete de la politiquería colombiana.

Los verdaderos artífices de nuestra miseria son personajes sumamente poderosos, que con las más detestables maneras han amasado sus desmesuradas fortunas: engañando, robando (corrupción), matando (masacres campesinas y de líderes sociales), coronando a la usura como reina del carnaval de la explotación de masas y haciéndola su esposa, anclándose al poder estatal para obtener el poder absoluto, legislando para ellos y en detrimento de las mayorías. Peligrosos gánsters camuflados como prósperos empresarios (5): banqueros, dueños de canales televisivos y radiales, propietarios de la industria de los refrescos, de los sectores azucarero y cervecero, del trasporte aéreo, del minero, del latifundio, terratenientes, narco-paramilitares, etc.,  y todo tipo de bribones a quienes ni sus finas vestimentas de paños ingleses o sus falsas campañas de solidaridad, logran lavar su verdadera imagen fría y codiciosa.

Cuando un líder popular pretende arrebatarles el poder y ponerlo en favor nuestro, las fuerzas oligárquicas hacen gala de sus argucias, activan su poderosa prensa para que desinforme y tergiverse las ideas de justicia social con el fin de generarles rechazo por parte de la sociedad que, aunque urgida de un cambio, cae en ese sueño opiáceo implantado en su mente. Y si a pesar del trabajo de su prensa no logran sus objetivos, no dudan en optar por la violencia: las amenazas o las balas resonarán si sienten que un comisionado del pueblo vierte una amenaza inminente sobre sus privilegios.

El triste y perdurable caso de Gaitán en el 48 es prueba irrefutable del maquiavelismo oligárquico, así como los de valerosos hombres como Pizarro, Jaime Pardo, Antequera, Cepeda, Jaramillo Ossa, Jaime Garzón e innumerables personas que tenían el potencial de cambiar el país, pero que la mano negra cortó sus existencias en un inocuo intento de cortar sus ideas.

Las políticas neoliberales —característica principal de las élites criollas— son, sin duda, las que nos tienen sumergidos en el atraso y la pobreza; los estudios así lo confirman, la historia se confronta y la nítida luz de la verdad sobresale por encima de la turbia y confusa de la de los negacionistas.

El neoliberalismo es la forma más facilista que la oligarquía ha tenido para enriquecerse empobreciéndonos, y por eso decidieron hacer la paz: sabían el riesgo que para su capital y el del extranjero representaban las guerrillas predominantes en zonas de mucho potencial en recursos naturales, los cuales pretenden explotar de forma intemperante. Entendieron que la vía armada no les dio resultado, a pesar de lo extensa e intensa de la misma. Lo mejor era una negociación disfrazada de intenciones pacifistas (7).

El alza en los impuestos a los pobres y la reducción de los mismos a los ricos, la entrega de los copiosos recursos naturales a las grandes multinacionales, la nula inversión en campos tan vitales como el agro, la educación y la salud; la escasa y tardía justicia, la evidente preferencia y defensa de sus negocios que, por ejemplo, justifican el ridículo e indignante incremento del salario mínimo al aducir que se generaría desempleo o que sus empresas quebrarían (ellos le llaman ‘quebrar’ a todo negocio que no les genere el 100 o 200 por ciento de ganancias) y toda política dictaminada por nuestros mal llamados dirigentes y que afectan al ciudadano de a pie, son sólo algunos ejemplos del talante gubernamental de los poderosos. El capital privado dominando el poder estatal, económico y político de una nación: una realidad innegable y sumamente peligrosa.

Somos colombianos dignos y queremos vivir como tales. Pero para el logro de tan natural y humano objetivo, es necesario replantear nuestro pensamiento. Si conociendo las circunstancias y las razones de nuestro padecer, seguimos eligiendo a los mismos que nos someten a su voluntad, lo que deberíamos replantear es nuestra psicología; una psicología enfermiza, gustosa del dolor. Tal vez la costumbre de ser maltratados por siglos ha engatusado nuestra razón y le ha determinado como normal el mal vivir. “Nada más desalentador que un esclavo satisfecho”, expresó el filósofo Ricardo Flores Magón (8).

Tenemos un conflicto por resolver: ¿En 2018 le daremos continuidad  –a través de nuestro voto—  a ese círculo vicioso, o le damos un vuelco?

La propuesta es un gobierno que nos represente, o sea un gobierno popular y por favor, no entremos en la improductiva discusión de que si este o el aquel, debe ser alguien que haya demostrado en sus propuestas y en su praxis política el apego por las mayorías y no por la minoritaria y excluyente élite; sabemos que dentro de la izquierda hay rupturas o sectarismos y que tal vez sea esa la razón más relevante por la cual no han logrado conquistar la primera magistratura.

El error a corregir es precisamente ese, el del sectarismo y división a la hora de las contiendas electorales y para eso debemos ser conscientes de que son más las causas que nos unen que los egos que nos separan. La unión hace la fuerza.

Entendámoslo, no hay que confundir las ideas nobles de la justa, necesaria y urgente redistribución equitativa de las riquezas de una país representadas en la izquierda, con el actuar de algunos que se declaraban como sus militantes pero que la traicionaron por la ambición al dinero (como Samuel Moreno, Everth Bustamante o Angelino Garzón) y mucho menos con casos como los de Venezuela, que es utilizado por los medios privada para crear pánico colectivo con el ‘castro-chavismo’,  ‘argumento’ risible que pretende desconocer totalmente las realidades político-económicas de las dos naciones, pero que ha calado hondo en el subconsciente colectivo de la esta sociedad, muy ignorante y con una inmensa falta de educación política y económica, lo cual ha reforzado el burdo engaño, convirtiéndolo casi en una amenaza terrorífica pero sin sustento en la realidad (9).

Por razones como las anteriores, entre otras, es que educar al pueblo significa el fin de esas élites mafiosas, porque al hacerlo el pueblo se les rebelaría. No en vano es el hecho de que la educación superior de calidad en Colombia sea ‘cosa de ricos’ y un sueño casi inalcanzable para el pueblo; tan sólo un reducido grupo logra ingresar a las universidades estatales y el desempleo que los espera cuando terminan los abraza con fuerza: ¡¿Qué tipo de sociedad podemos esperar?!

Hemos logrado algo muy valioso, que aunque no es la paz real, sí es el primer paso hacia ella: el silencio de los fusiles entre gobierno y Farc (10), pero aún estamos en riesgo de que ese pacto se nos sea arrebatado, por eso es igual de importante elegir a quienes nos garanticen su cumplimiento. La paz real es ante todo justicia social.

¡No más Santos, no más Vargas Lleras, no más uribistas, no más liberales tradicionales, no más conservadores, no más partidos disfrazados de adalides populares! Ellos sólo nos garantizan la perpetuidad de nuestros males, es la hora más que justa de unos nuevos representantes, los hay, con un poco de esfuerzo en su estudio los veremos, pero deben unirse ellos y también nosotros.  Una votación contundente a su favor le daría una nueva visión al futuro de Colombia; la antigua, la de los dominantes, ha demostrado ser nuestra ancla al atraso.  Dos siglos de los mismos y las mismas son más que suficientes.

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Referencias

(1) http://www.las2orillas.co/colombia-es-uno-de-los-paises-mas-desiguales-del-mundo/

(2) http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/03/160308_america_latina_economia_desigualdad_ab

(3) http://www.elespectador.com/noticias/educacion/colombia-entre-los-ultimos-puestos-del-ranking-de-educa-articulo-461886

(4) http://www.eltiempo.com/politica/justicia/colombia-el-pais-mas-violento-del-continente/15965877

http://www.elpais.com.co/elpais/judicial/noticias/colombia-entre-10-paises-violentos-mundo-segun-informe-amnistia-internacional

(5) https://www.youtube.com/watch?v=dPZvuixzLaE

http://lasillavacia.com/historia/postobon-y-los-paras-cero-y-van-cuatro-56416

(6) http://www.eltiempo.com/politica/justicia/cifras-de-las-victimas-del-conflicto-armado-en-colombia/16565045

(7) https://www.youtube.com/watch?v=D4A04OkdHwI

(8) https://www.google.com.co/search?q=magon+ricardo&biw=1093&bih=538&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwiUuK-qscrRAhWM7SYKHSD1DlMQ_AUIBigB#tbm=isch&q=magon+ricardo+frases&imgrc=qbQgkzQVXCrgGM%3A

(9) http://www.las2orillas.co/castrochavismo-cascaron-vacio-del-uribismo/

(10) http://conlaorejaroja.com/el-solo-silencio-de-los-fusiles-no-signfica-la-paz-real/

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Epicuro de Samos
Acerca de Epicuro de Samos
Miembro de Movimiento Naranja. Un joven del común, preocupado por la situación económica, política y social de nuestro país. Activista político en redes, por el despertar de la conciencia colectiva de la sociedad colombiana. “Que nadie, mientras sea joven, se muestre remiso en filosofar, ni, al llegar a viejo, de filosofar se canse. Porque, para alcanzar la salud del alma, nunca se es demasiado viejo ni demasiado joven.” –Epicuro