AMORBO

Basado en hechos reales describe una situación particular, invitando a la reflexión

Los ojos ya se me cerraron, francamente andar en bus me da mucho sueño. Cuando me encontraba en ese lugar que no es ni dormido ni despierto un estruendo ensordecedor me retorno. ¡Todo fue muy rápido!
Desperté de golpe,  con la cara pegada al que había sido mi asiento estoy atrapado y es más el susto que el dolor, la noción del tiempo es imperceptible, es difícil saber si ha pasado un segundo o varias semanas, y si estoy aún vivo o ya muerto.

Reacciono cuando siento la tibieza de mi propia sangre humedeciendo lentamente mi cuerpo, ya se escuchan voces, gritos, y sobre todo quejidos.

Las dos personas que antes me antecedían recibieron la peor parte, y la posición que describían sus cuerpos difícilmente podrá ser imitada por alguien con vida.
Ya la mayoría de los pasajeros han abandonado lo que antes era un bus y ahora es un cúmulo de chatarra, vidrios rotos y lamentos. A lo lejos se escucha una sirena que parece venir con prisa, las voces de curiosos que escucharon mis lamentos quieren averiguar, indagan entre la chatarra y me escuchan quejar, el dolor se manifiestan punzante como un clavo entre los dientes que se aprietan para resistir.

A lo lejos el parabrisas arroja una salida posible, siento como la vida de color rojo brota por mis lesiones, parecen grabes y la fuerza se me acaba, morir desangrado es más que una alternativa.

Desabrocho el seguro de mi correa __! Gracias a dios traje! Escucho que preguntan si hay alguien atrapado, ese era yo.

Asegure con lo que me quedaba de fuerzas el drenaje sangriento logrando que parara un poco, a lo lejos veo gente armada con sus teléfonos expectantes, como si de un espectáculo se tratara.

La posible ruta de escape es el frente, pero no es la más cercana, las voces son ahora manos que me ayudan a salir, el dolor sigue presente y trata de hacerme perder el sentido, mucha gente está en una sepultural calma. Ya libre con ayuda rompo los cristales del frente y me siento volver a nacer, libre de las latas retorcidas.

Aterrizó en esta dura realidad al ver mi estado, y sentirme rodeado de desconocidos sedientos de amarillismo apuntándome con sus cámaras, cual animal salvaje acorralado y listo para ser despellejado. En medio de mi dolor suplico que no lo hagan, que no graben ni tomen videos.

No debería ser difícil entender que alguien está pasando el peor día  de su vida y lo menos que quiere es el escarnio público y las evidencias. Suplico una vez más esta vez con más contundencia,  sé que soy un cuadro sangriento que todos quieren retratar, pero también que tengo derecho a mi privacidad, lo  invoco más como amenaza que como petición las cámaras cesan, soy conducido a la ambulancia y trasladado con rapidez al hospital, por ratos pierdo el conocimiento.

Despierto en una camilla de hospital fría mi parte lesionada ya no está, fue amputada por la gravedad de las heridas, apenas puedo lloro en silencio. Recibo para mi agravio notificaciones de personas que comparten un video donde se me nota destrozado. Hago las denuncias virtuales pertinentes y pido que no se comparta, mientras intento recuperarme emocional y físicamente del accidente. Agradeciendo a quienes me acompañan.

la tecnología trasciende nuestro espacio personal

El acceso a la tecnología nos ha dado una enorme posibilidad, capturar evidencias de hechos, registrar momentos y noticias, compartir y difundir cosas importantes, cada persona tiene acceso fácil a ello de forma rápida. Pero hay momentos donde estas tecnologías trascienden el plano personal, se vuelven invasivas y atentan contra el derecho fundamental a la privacidad, aparte de que el amarillismo y el morbo desdibujan nuestras relaciones humanas y personales haciéndonos preguntar ¿Estamos perdiendo la empatía y el sentido común con el acceso ilimitado a redes? ¿Hay personas que disfrutan ver videos o imágenes fuertes de asesinatos, accidentes etc.? ¿Es esto un mecanismo para la deshumanización?

El acceso a la Tecnología de información y comunicación, nos facilita la vida en muchas maneras,  pero también es una herramienta de doble filo que puede conducirnos a normalizar una sociedad enferma, deshumanizadae impersonal, puede hacer que se pierdan, valores, principios e identidad.

Frente a lo que ya se vislumbra como una problemática se debe actuar a tiempo para que este mundo virtual que impacta el real no se convierta en un mecanismo más para nuestra destrucción humana.

 

 

 

 

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