Cuando se pierde la credibilidad

 

La legitimidad de un gobierno la da principalmente la coherencia entre los hechos y las promesas, y aunque Colombia es un país con poca memoria, lo que en campañas se dice debería hacerse realidad una vez electo.

Si un gobernante se elige mintiendo es apenas esperado que su legitimidad se pierda en el momento en que la verdad aparezca. La legitimidad que va de la mano de la credibilidad se invierte fácilmente en especial si se hace todo lo contrario de lo que se prometió.

Resonando aún están las palabras que afirmaban que no se haría fracking en Colombia, que se defendería la paz, que se protegerían sectores vulnerables, que se apoyaría la educación y la salud, que se apoyaría el trabajo y el emprendimiento entre otras tantas promesas que quedaron solo en eso, en promesas.

Lastimosamente para una mayoría electora que tuvieron que estrellarse de frente con la realidad cuando tan pronto fue elegido el gobierno actual empezó a hacer todo lo contrario de lo que prometió, sus propuestas y falaces juramentos quedaron en recuerdos y una vez sentados en el poder voltearon la espalda a sus electores para gobernar para su estrecha elite, quienes además financiaron sus campañas.

Así tuvimos que ver como ese castillo de arena, de promesas falsas se fue derrumbando junto con la credibilidad ya desgastada del gobierno.

La credibilidad ya se perdió

Primero se empezó con una etapa de aprendizaje, se difundía la idea que el gobierno entrante recibía un país cercano al caos, que difícilmente se podría reparar, sin embargo, se supone que ese diagnóstico es previo a una elección presidencial.

Una vez se desgasto este argumento que más parece una excusa, una vez puestos en los diferentes ministerios y cargos quienes ayudaron a elegir este gobierno, se planteó la tesis de la crisis interna, se levantaron las mesas instaladas para negociar con otros grupos armados y se les incumplió a los que incrédulos esperaban que el gobierno al menos cumpliera lo mínimo pactado, sin embargo esa desestabilización interna, ese conflicto incidente era una excusa perfecta que aparte de mejorar la imagen al gobierno permite mantener la practica hostil de defender la guerra y la seguridad democrática.

Lógicamente esta excusa en el marco de un acuerdo de paz con los ojos del mundo puestos en el, se derrumbo como un castillo de naipes a la intemperie, así que se usó una de las mejores “promesas de campaña, no seremos como Venezuela”. El miedo que también fue un factor fundamental en las elecciones pasadas, termino aprovechando la crisis de Venezuela para legitimar el gobierno colombiano.

La premisa de no parecernos al vecino, usaba el dolor de los millones de migrantes para reavivar el miedo en la sociedad, y hoy se usa nuevamente, sin embargo y pese a los múltiples esfuerzos que de la mano de la política y relaciones exteriores se llevaron a cabo para derrocar al régimen de Maduro, los resultados fueron contrarios, el gobierno chavista se fortaleció aun con la oposición de un presidente autoproclamado e ilegitimo. Sumando así otro autogol al gobierno colombiano.

La persistencia del gobierno cuando ya el tema de Venezuela se enfrió, y pese a que la crisis se replicó en gobiernos que antes eran ejemplo para la derecha como argentina, chile y ecuador, termina usando un enemigo diáfano, el foro de Sao Paulo. A este punto ya la credibilidad es muy poca, la ineficiencia del gobierno que ya no vale por su palabra, que contraria sus declaraciones con los hechos, que miente y engaña aviva la anunciada protesta. Aun cuando la carente legitimidad es causa principal para rechazar un gobierno anclado a políticas retardatarias y anacrónicas el gobierno insiste en ver el enemigo afuera, en no auto reflexionar, retroalimentarse de lo que hace y sigue haciendo mal.

Ya la discusión traslapa temas de ideologías clásicas, de enfoques económicos o de modelos de implementación, va mas allá, una realidad del país, un conflicto que se recicla constantemente y afecta la sociedad, un descontento social carente de oportunidades, no existe modelo económico o matemático prescrito para solucionarlo. Se debe adaptar y tomar las decisiones pertinentes conforme a las necesidades de cada territorio. Somos un país diverso, variado y muy rico que requiere una voluntad política que no esté ligada a intereses particulares que terminen empeorando una situación ya de por si critica.

El gobierno ya no es legítimo, miente y la gente se entera, ya los medios no son suficientes para aplacar y mitigar el descontento, para hacer creer a las personas que todo está bien en medio del caos.

Los indicadores mejoran porque se alteran las mediciones y no porque sea un reflejo de la realidad, y sin un gobierno con credibilidad probablemente continuara empeorando la situación.

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