del neoliberalismo a la privatización de la libertad

Cuando se dio el auge de la privatización se entendía que lo público pasaría a un segundo nivel, quienes orgullosos portaban estas banderas terminaron consumando y siendo el inicio de un baño de sangre sin precedentes en Colombia.

El control estatal como un oligopolio piramidal se manifiesta principalmente en la fuerza pública y el control de las armas, cuya estructura vertical de mandatos y responsabilidades finaliza en cabeza del presidente de la república.

Pero elementos propios de la economía y el mercado hicieron que se pensara en reformar y privatizar esta fuerza, con las convivir o alianzas entre capitalistas y fuerza pública para promover ejércitos privados, culminó como ya muchos sabemos. enfocándose en resultados, que llevaron a la muerte y destrucción en el país, el acaparamiento de las tierras, el desplazamiento forzado y la concentración del capital.

El paramilitarismo fue el acto final de esta masacre, ya consolidada desde el estado, como una fuerza contrainsurgente privada, que apoyaría la propiedad privada. Y los resultados fueron que “la cura salió peor que la enfermedad”.

Grupos contrainsurgentes que combatirían codo a codo con la fuerza pública fueron incluso más sanguinarios que los que perseguían, sus entrenamientos en fincas encabezados por combatientes del medio oriente, se basó en deshumanizarse y no tener valores ni piedad con el “enemigo” y pese a los tratados y desmovilizaciones adelantadas por el gobierno de Uribe, estos grupos siguieron operando, y sin un control verídico a su reinserción se volcaron a las urbes a continuar sus prácticas delictivas de terror, defensa y poder, con garantías del estado.

Este vínculo se da incluso a una escala tal que logran operar en todo el territorio nacional sin producir mayor preocupación en el estado, sin que este reaccione o se den resultados, investigaciones o capturas, siendo como un apéndice más de este y quienes hacen el trabajo sucio.

Pero la cosa es aún más preocupante ya que se empieza a vislumbrar conexiones cercanas y responsabilidades directas de miembros de la fuerza pública con muertes macabras como la de Dimar Torres. Incluyendo procesos de tortura y violaciones, que cuando hacen gran escándalo en la opinión pública producen cuando más una investigación y quizás cárcel a los autores materiales, y asensos a quienes dieron las ordenes.

Así se refleja la situación en el cauca, partiendo desde la desatención del estado a esta situación y agravándose con los crecientes cultivos ilícitos, nuevos actores y carteles y una comunidad creciente que demanda atención. Una comunidad cercada por la delincuencia y prisionera en su propio territorio, un estado incapaz y agobiado que no logra defender a su pueblo y una sociedad en general en zozobra constante es lo que conllevo aquel ejercicio neoliberal que nos prometía un futuro de libertades y desarrollo. Quizás si trajo buenos resultados para el reducido porcentaje que hoy ostenta la mayor parte de la riqueza del país y goza de las libertades que le da poseerla. Pero esa minoría que no tiene ni si quiera acceso a una salud digna no puede afirmar que es libre, ya que la libertad en este modelo está sujeta y dependiente al dinero y capacidad de gasto.

 

 

 

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