¿Dónde están los cuerpos?

 

La guerra ha dejado consecuencias fatales para nuestro país, heridas que no han cicatrizado y que se siguen abriendo con cada fosa que se descubre.

Recientemente la Jurisdicción Especial Para la Paz encontró cuerpos de desaparecidos en los laboratorios de antropología de la universidad de Medellín, un hecho que además de ser escandaloso refleja la situación que atraviesa el país en un escenario de postconflicto que no pasa la página.

Cerca de 54 cuerpos fueron descubiertos en estas instalaciones, cuerpos que presentaban signos de violencia o agujeros de bala en sus restos óseos. Si ya de por si es escandaloso el descubrir fosas clandestinas con cuerpos de victimas por cientos, hallar cuerpos en fosas comunes en cementerios, en laboratorios y sabrá dios ¿dónde más? es desastroso.

La guerra que ha marcado nuestra historia no deja de sorprendernos, los escenarios del conflicto fueron múltiples, igual que los actores sin embargo, la verdad se revela en cada fosa que se abre, en cada cuerpo que se descubre, una verdad que es escandalosa desde su cifra numérica entendiendo que se habla de victimas reportadas.

Los cuerpos de aquellas familias que continúan buscando a sus familiares y albergando una tenue esperanza de hallarlos con vida pueden reposar en distintos lugares, logramos mercantilizar la guerra y la muerte y usar esta para ocultar escabrosas prácticas.

Si en un inicio los cuerpos se incineraban, se disolvían en acido o se usaban para alimentar cerdos o animales salvajes, después se descubrió que el ocultar las evidencias mortales de las víctimas de este modo no era “rentable” existiendo formas más sencillas y menos costosas para hacerlo, sobre todo en lugares donde era inminente mantener ocultas las evidencias.

Los cementerios que albergaban difuntos son la mejor muestra que allí se podían sembrar cadáveres de inocentes sin recurrir a métodos más elaborados, con el convenio del cementerio para donar cuerpos anónimos a las universidades con fines académicos estos cuerpos terminaron siendo paradójicamente objeto de estudio.

Sus familiares que siguen en la búsqueda constante, en el duelo eterno de no saber dónde terminaron los últimos días sus seres queridos entenderán porque es importante saber la verdad para superar el conflicto, perdonar y en lo posible no volverlo a repetir las practicas que desde todo un sistema se ejecutaban con toda la complicidad e impunidad.

Un sistema que deja ver los perversos resultados en una sociedad manipulada, usada y violentada. Legitimar la muerte desde la justificación

“son guerrilleros y merecen morir”

Para premiar a sus asesinos y cerrar el capítulo sin mayores investigaciones, celebrar la muerte de insurgentes asesinados profundizaba el deseo de sangre en la sociedad, presionar la fuerza armada para que esta mostrara resultados condujo al camino fácil, matar inocentes.

Después del asesinato despojar las tierras de los asesinados para acumular capitales para los terratenientes y sembrar coca para agudizar el narcotráfico, que en caso de ser descubierto se podría endilgar responsabilidades a grupos armados al margen de la ley.

Un trabajo cooperativo desde la legalidad y la ilegalidad para sacar el máximo provecho de la guerra, escalando a niveles de complicidad e impunidad en un alto orden jerárquico. Fiscalías que no investigaban, fuerza pública cómplice, medios que muestran una realidad a medias y una sociedad en general envenenada por la guerra, acostumbrada a ella, que olvido lo que significa vivir en paz, un aparato económico funcional a la violencia que logra hacer de esta uno de los mejores mercados. Ideologías desconectadas de la realidad del país que no entienden que la guerra solo beneficia a unos pocos, y esos pocos están en el poder.

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