El desprestigio de la fuerza pública

 

El uribismo en el poder ha marcado una tendencia regresiva clara, sin embargo, la sociedad y los medios son diferentes a lo que había en el 2003.

Una de las cosas que más aplauden del expresidente Uribe y que lo ha marcado como un gran líder es su política de seguridad que involucra completamente las fuerzas armadas y pese a que este promovió una descentralización de la fuerza bélica y una asociación cooperativa con la sociedad civil, con resultados ya conocidos, la cúpula militar siempre ha sido una razón de orgullo para el uribismo.

Basta con ver las promociones y asensos que se dan desde el congreso donde generalmente son impulsadas y promovidas por miembros del centro democrático de los más reaccionarios como Paola Holguín o Ernesto Macías.

Sin embargo, con el uribismo en el gobierno como ideología regente de las fuerzas armadas es que estas más han sido desprestigiadas, humilladas y abandonadas.

Con la política de lucha armada contrainsurgente enfocada en resultados de guerra como bajas en combate, control territorial o número de enfrentamientos se presionaba a las fuerzas armadas para que avivaran la guerra cada día, arriesgaran su seguridad y cometieran errores fatales que desencadenaron en actos de violencia contra civiles que marcaron la imagen y la historia de estas.

El entrenamiento basado en simulación de condiciones precarias de guerra y el servicio militar como política obligatoria hacia que miles de jóvenes terminaran con problemas psicológicos, en muchos casos irreversibles, así lo han mostrado las investigaciones que revelan que parte de esos entrenamientos consistían en torturas, humillaciones, sometimientos que desencadenaban incluso en la muerte o el suicidio. A veces los jóvenes sometidos a combates, precariedad y condiciones infrahumanas de forma obligatoria no lograban reincorporarse a la vida civil quedando marcados por la guerra de por vida y completamente olvidados por el estado, ya que en las condiciones actuales la libreta militar no aporta mayor importancia a su hoja de vida, donde termina pesando más la preparación académica.

Casos como el cartel de las falsas pensiones, donde toda una red de profesionales actuaba para simular enfermedades y problemas de salud que derivaban en indemnizaciones y pensiones compensatorias falsas a soldados y policías hacen perder legitimidad a la institución, la corrupción rampante ennegrece esta situación y afecta la imagen.

Uno de los escándalos más sonados y que estallo en el gobierno de Uribe fue los falsos positivos, esta red de asesinatos que cobro la vida de miles puso por el suelo el prestigio de la fuerza pública no solo al interior del país. En la comunidad internacional grandes medios como The New York Times informaban al mundo como directrices y políticas del gobierno y altos mandos de esta institución desentrañaron la peor masacre del país.

y en contraste con estas desastrosas noticas el gobierno genera ascensos a militares involucrados en estos y otros tantos escándalos que aún mas generan incomodidad y desprestigio a nivel general, donde por hacerle el favor a uno o dos mandos altos rangos, echan abajo la imagen de toda la institución en su conjunto.

Otro de los casos, motivo de escándalo son constantes represiones que terminan en alianzas nefastas de miembros de la fuerza pública con delincuencia o mafia, asesinando líderes sociales, incumpliendo la ley y la constitución con sus respectivos acuerdos para pacificar el país. Casos como el de Dimar Torres o Flower Trompeta evidencian una actuación enfermiza en las fuerzas armadas.

Miles de videos inundan las redes diariamente donde se ve a las fuerzas públicas abusando de su poder, cometiendo delitos y atentando contra la seguridad y la sociedad que juraron defender.

La regresión continua

Los escándalos ya superados como las famosas chuzadas y la infiltración paramilitar que costaron incluso la clausura de una institución como el DAS vuelven a revivir en este gobierno, persecuciones, seguimientos ilegales etc. Son ahora casos develados de una alta red de corrupción, espionaje, persecución, extorción y delincuencia que permea las fuerzas armadas del ejército. Involucrando directamente a altos cargos recientemente condecorados, ascendidos y aplaudidos por el gobierno como es el caso del general Nicancio Martínez, quien suma una polémica más a su lista. Esto ya había sido denunciado por senadores de oposición, Roy Barreras, Iván Cepeda y Antonio Sanguino sin embargo el gobierno hizo caso omiso a las denuncias y prefirió que el escandalo le estallara en las manos delante de todo el país.

Al parecer las interceptaciones ilegales que buscaban deslegitimar las denuncias y tapar las gravísimas faltas de principalmente la fuerza pública esconde las abrumadoras relaciones de estos con paramilitares, delincuencia común e incluso organizaciones criminales como las águilas negras.

La manzana podrida

En las recientes declaraciones del presidente Iván duque afirma que castigara de forma ejemplar lo que él llama “manzanas podridas” que oscurecen la reputación de la institución, el problema es que el receptor de la información que se recopilaba con las chuzadas a magistrados, según lo informa SEMANA, ¡pertenece a su partido! Uno de los involucrados directos en el escandalo fue ascendido y defendido en el congreso por el partido de gobierno y como si fuera poco retirado con honores por el mismo presidente. Lo que claramente evidencia que no es un caso de unas cuantas manzanas podridas, es un hecho sistemático donde la fuerza pública está al servicio de una mafia almendrada en el partido de gobierno, donde una mano lava la otra, intentando quitar la sangre derramada de inocentes.

Y como una bola de nieve el desprestigio sigue creciendo con cada escándalo y cada desacierto llevando a la institución al desprestigio nacional. La sociedad en general ya no se siente identificada y reconocida en el ejército o la policía.

 

¿En que acabara todo esto?

La legitimidad de la fuerza pública y su deber ser necesariamente involucra una comunión con la sociedad, siendo servidores públicos con una responsabilidad fundamental, que es motivo de orgullo dentro de sus filas.

Lastimosamente el ejercicio de su labor al servicio de la política los ha llevado a ser un motivo de vergüenza y a perder ese valor civil que determinaba su popularidad e imagen.

Su lucha no es contra sus iguales, su defensa no parte de políticos y gobernantes, su defensa radica en la protección y resguardo de los ciudadanos promoviendo la sana convivencia y el respeto a la vida.

Mi columna de esta semana es más un llamado a la fuerza pública a una reflexión que permita reconciliarse con la sociedad civil, a entender que este es su deber y que involucrarse en asuntos políticos solo ha llevado al desprestigio de su imagen.

 

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González Villanueva
Acerca de González Villanueva
estudiante de 11 semestre administración de empresas, idealista, critico y sencillo abierto de mente, reservado y serio. Amo el agua