El país que le dijo No a la paz y Sí a la corrupción

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La guerra y la corrupción constituyen los problemas más lesivos de la sociedad colombiana en toda su vida republicana que socavan la democracia y nos condena al subdesarrollo. Paradójicamente, las posibilidades de mitigar con éxito ambos flagelos se han visto limitadas por la decisión mayoritaria de la ciudadanía, razón inentendible para otras sociedades, principalmente las del primer mundo que han dicho sí a la paz y no a la corrupción, máxime siendo Colombia el país con la guerra más antigua de occidente y uno de los países con mayor índices de corrupción e inequidad a nivel global.

En condiciones naturales, nadie, en un sano juicio, le diría no a la paz ni sí a la corrupción, pero hay algo más poderoso que nos mueve hacia lo adverso y encontramos su génesis en la falta de empoderamiento social, la crisis cultural y educativa, y la polarización propia de los poderes y egos políticos. Aquí no importa tanto lo que se propone sino quién lo propone.

El actual partido de gobierno carga una responsabilidad mayoritaria en ambos procesos; primero, capitalizando el descontento generalizado contra el gobierno en otrora, para decirle no a la paz y polarizar el país por una guerra de egos entre Uribe y Santos que le iba costando al país la perennidad del conflicto armado; y ahora, liderando igualmente la resistencia contra una consulta que prometía reformas estructurales en la política pública de lucha contra la corrupción.

El Centro Democrático impidió que la consulta anticorrupción se hiciera con la elección presidencial y evitó ahorrarle al país su costo de doscientos mil millones de pesos, para después apartarse aduciendo que no la apoyaba porque era costosa. Después que se sirvió de ella instruyendo a su candidato Presidente a apoyarla durante  la campaña electoral.

El otro problema es el educativo, reafirmamos la precaria disposición hacia la lectura y el análisis crítico. Que no hayan leído trescientas hojas del acuerdo de paz es entendible, pero que no hayan leído una hoja de la consulta anticorrupción es imperdonable. Igual que en el plebiscito por la paz, las mentiras que se han arraigado en el debate social y político nos vencieron una vez más, es la forma como se mofan y nos insultan, el “meme” es que tragamos entero y no somos capaces de deliberar. A menos de un mes de mandato del nuevo Presidente, nos quejamos de sus iniciativas  y ejecutorias que estando implícitas en su programa de gobierno no leímos antes de votar.

Aunado a ello, la gran problemática de votar por una propuesta según quién la postula, sin un análisis crítico de lo que se propone; así como muchos no votaron a favor del Acuerdo de Paz porque la promovía el expresidente Santos, tampoco votaron por la Consulta Anticorrupción porque la promovía Claudia López. Cuando es más importante quién propone que el contenido de su propuesta, nos condenamos al subdesarrollo social, político y cultural.

La otra problemática asociada, es el arraigo del precario empoderamiento social. El abstencionismo, característico de los procesos electorales en Colombia, que alcanza un promedio histórico del 60%, limita el impulso del cambio que las minorías promueven. El de hoy, fue un nuevo abstencionismo, fragmentado entre: los tibios desinteresados de siempre, los electores cómplices de quienes no les convenía los mandatos de la consulta, los que no les gusta Claudia López, los inducidos por el partido de gobierno, y un estrecho margen de ciudadanos que no se convencieron de votar favorablemente la consulta.

No hay que olvidar que por acción o por omisión todo tiene una repercusión, y si bien el país hoy no le dijo Sí a la corrupción como No a la paz, al no superar el umbral, como sociedad botamos una inmejorable oportunidad de encausar en el ordenamiento legal, algunas de las medidas frágiles que favorecen y auspician la corrupción, la injusticia y la inequidad;  dejando a merced del Congreso la posibilidad de aprobar las reformas que antes negó.

No obstante, un mandato de once millones de colombianos, cifra mayor a la que eligió al actual gobierno, servirá para exhortar al Presidente Iván Duque,  para que incluya en su paquete legislativo los siete mandatos de la Consulta Anticorrupción.

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Juan Carlos Torres
Acerca de Juan Carlos Torres
Consultor en planeación estratégica, marketing y gobierno. Activista y columnista.