Nunca aprendimos

Semanas atrás Ecuador salió a las calles a manifestarse contra las medidas del gobierno que afectaban a la clase media y obrera, la nueva ley  incrementaba el precio de los combustibles puesto que cercenaba el subsidio que el estado aporta, a pesar de que, como dice Jaime Bayly, “los indígenas no usan vehículos a motor, por lo tanto la medida no debería preocuparles” las masivas manifestaciones de más de 6 mil ecuatorianos e indígenas y la solidaridad de todo el pueblo en general, reversaron el “paquetazo” que este gobierno quería imponer. Incluso después de las protestas miles de ecuatorianos en muestra de gratitud con los manifestantes limpiaron los destrozos ocasionados en la capital.

Esta semana una situación similar vivió Chile, tras anunciarse un incremento en el precio del tiquete del metro la gente se volcó a las calles para protestar, tanto quienes usan con frecuencia este transporte como quienes no, se manifestaron en la capital, los disturbios incluso culminaron en vehículos quemados, y muy a pesar de la represión del estado finalmente el gobierno hecho atrás esta medida, la solidaridad de toda una sociedad  contra una ley que afecta a una mayoría permite hacerle entender al gobierno que la soberanía y poder radica en un pueblo organizado, autónomo y consiente.

En puerto Rico las manifestaciones produjeron la renuncia de su primer mandatario, el pueblo unido con el apoyo de artistas, quienes probablemente sean los menos afectados por las decisiones de estos mandatarios, pero que en solidaridad y cooperación impulsan las manifestaciones como el amplificador de la voz del pueblo, en Perú las protestas evitaron la reelección, tumbaron ministros y encarcelan mandatarios corruptos, incluso desde los altos cargos.

Cualquier medida que sea tomada a espaldas del pueblo y que afecte a un sector de la población produce una reacción en cadena incontenible por la fuerza y la represión del estado, la manifestación del poder primario en las calles permite que los gobernantes entiendan su papel como servidores públicos, que el ejercicio de la política y la ley debe ser en función de la sociedad y no al revés.

Pero en Colombia esta premisa esta tan devaluada que incluso se puede leer en el billete de más baja denominación en las palabras del gran Jorge Eliecer Gaitán

“el pueblo es superior a sus dirigentes”

Curiosamente ni si quiera quienes tienen acceso a esta frase plasmada en el billete de mil pesos que seguramente ha pasado por las manos de muchos los logra hacer entrar en razón, los gobernantes se deben a su pueblo. En este país diariamente se violan derechos humanos, asesinan líderes, se toman medidas que empobrecen la mayoría, se crean leyes para beneficiar unos pocos, se subsidian grandes poderes económicos con el dinero de los más pobres, se roban recursos, se incrementan impuestos y tarifas, se reprimen las protestas a tal punto de pretender condicionarlas desde la ley, se reeligen presidentes, se atacan decisiones legales cuando se condenan políticos corruptos, se corrompen instituciones y se reordenan en función a las mafias, se asesinan pobres entre pobres, la solidaridad del pueblo más que ser con sus iguales o con los menos favorecidos es con quienes tienen y acumulan más poder, si hay una protesta  esta debe ser condicionada no se puede romper un vaso por que se pierde el sentido de ella y se convierte en un acto vandálico por más que busque redimir un derecho o declinar una medida arbitraria.

No aprendimos a ser solidarios, solo sabemos marchar cuando la selección gana un partido aun cuando esto en nada nos beneficia, más bien todo lo contrario, no aprendimos que la protesta es una manifestación de indignación de un pueblo que es libre, unido, soberano y solidario.

No aprendimos que la democracia empodera el pueblo para que se defienda, para que decida y se manifieste, ni si quiera nos unimos en función de quienes, siendo responsabilidad de un estado garante de derechos, mueren en total abandono.

No está en la opinión publica masiva la indignación por las voces de los lideres silenciadas, por los niños comiendo de la basura, por la desnutrición infantil, nuestros gobernantes ocultan la miseria de su propia gente, viendo al vecino y nosotros les creemos, los reelegimos, permitimos que se incrementen sus salarios y reduzcan los de la mayoría, permitimos que los recursos de la educación, la salud etc. se destinen a subsidiar ricos. Somos solidarios con quienes nos empobrecen, besamos el pie que nos pisotea y aplasta. No aprendimos a ser un pueblo unido en torno a la voluntad de una mayoría o de una minoría desfavorecida, nos manipulan y lo permitimos, somos todos cómplices de cada niño que muere en condiciones deplorables, que nace para sufrir y morir en abandono. No aprendimos que la voluntad del pueblo es la voluntad de dios.

 

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González Villanueva
Acerca de González Villanueva
estudiante de 11 semestre administración de empresas, idealista, critico y sencillo abierto de mente, reservado y serio. Amo el agua