Política y religión, un cóctel explosivo

Hace un tiempo me enteré de que unos discursos retumbaban en el ambiente del holgado escenario de la Misión Carismática Internacional (MCI).  Allí habían concurrido una muchedumbre de pastores evangélicos, de insignes figuras católico-conservadoras como el ex procurador Ordóñez, de precandidatos presidenciales al Centro Democrático, de invitados especiales como Angelino Garzón y de simples adeptos del uribismo, componiendo un inverosímil e inentendible cuadro para quienes pensamos que la organización político-estatal y la fe religiosa deberían seguir el curso de las líneas paralelas, que extendiendo sus longitudes, no se entrelazan.

Supuse entonces que se trataba de un suceso histórico en Colombia, que tenía la finalidad de mostrar al mundo el cómo unas célebres figuras públicas criollas habían podido juntar, como por arte de magia, los pedazos del cristal de la religión católica, que por la fuerza intelectual de referentes filosóficos de la talla de Lutero o San Agustín, se había fragmentado en diversos cultos cristianos.

¡Sus mentes deben estar exhaustas!, pensé. Semejante gesta tuvo que conllevar tanta capacidad de discernimiento y profundidad filosófica, como derroche de tiempo y esfuerzo.

Entonces, motivado por la grata sensación que me suscitan los nuevos descubrimientos científicos, las convenciones de ilustrados, las exposiciones del  arte conceptual o el concierto de alguna sinfónica de renombre,  mantuve imperturbable frente al televisor esperando ansioso algún espacio periodístico donde resonaran los ecos de tan magno acontecimiento.

En efecto, la noticia estalló en los medios, pero a mi rostro pintado de fascinación lo iba destiñendo cada perorata de los discursistas. Contrario a lo que en inicio llegué a imaginar, no se trataba de una convención donde reverberase la dialéctica o de la celebración de alguna pascua desconocida, ni mucho menos de un llamado a la restauración moral del país, ni siquiera de un pálido intento de ello. Se trataba de un desonrojado comunicado a la opinión pública de que fuerzas políticas retardatarias en amalgama con variadas y hasta enemistadas sectas religiosas convergirían en 2018 (1), no para unificar el pensamiento cristiano alrededor de una causa loable, que por ejemplo, cimentase la acción política en la base cristiana del amor al prójimo, sino para atentar contra éste, al plantear que mediante esa asociación, la guerra retorne al país y que se exaspere la exclusión de las minorías sexuales. Objetivos eufemísticamente envueltos en seductoras consignas como ‘no ser otra Venezuela’ o ‘proteger a la familia’.

Era, sin ambages, una profanación del credo cristiano y un irascible apedreamiento público a los mandamientos bíblicos en los cuales dicen sostenerse; al de amar al prójimo y al de no matar los golpeaba la piedra de la invocación a la guerra,  y al de no levantar falsos testimonios ni mentiras,  la de la calumnia “Ateo-Gay-Comunista” sobre el acuerdo de paz.

En el país donde la mayoría de sus gentes son católicas o profesan algún tipo de creencia afín (2),  los políticos habían entendido la importancia de coquetear con las multitudes que guardan votos en medio de sus biblias. Sin duda, un plato suculento para cualquier voraz politiquero.

Y los pastores cristianos hacían lo propio, como en el juego mercantil de oferta-demanda, de mutuo beneficio, entendían que su adhesión a la causa uribista era esencial, si de contribuir a coartar los derechos de los excluidos y seguir inflando sus arcas —con la fe del rebaño— se trataba (3). Un vulgar vertimiento de elementos aparentemente dispares en el balde común de los intereses personales, sólo eso.

¡No había podido ser más ingenuo!, el desencanto llamó bruscamente a la cordura y ésta me indagaba sobre qué otro desenlace tendría la unión de Ordóñez con el pastor Arrázola, de la ex embajadora y pastora Claudia Rodríguez  con Paloma Valencia o de Uribe con Londoño, que no fuese una alianza criminal. La estrecha victoria del NO en el plebiscito, acaecida en gran parte por ese enorme cúmulo de feligreses manipulados, se encargó de recordármelo.

El lefebvrista exprocurador calificaba de imprescindible ese maridaje para cuajar la victoria presidencial y Uribe lo asentía. Angelino, el que se creyó estaba con las causas populares, exhortaba al uribismo a meterse la idea de ganar las elecciones, mientras Paloma, como de costumbre, exhibía su paupérrima destreza en las artes oratorias, confundiéndolas con lanzar alaridos lisonjeros y cursis a la “deidad” encarnada en su jefe político. En seguida, Fernando Londoño, a quien el odio le destrozaba los cerrojos de la prudencia, confirmaba que el ‘Centro Democrático’ no es ningún partido de centro sino de derecha, y que su fin es ganar la presidencia para “volver trizas ese maldito papel” (Acuerdo de Paz) (4).

Comprendí entonces, que estaba siendo un testigo anonadado de una especie de resurrección de arcaicas y trágicas ideas, relegadas en el ostracismo de la historia y que por el extremismo en que degeneran, llegaron a desembocar, incluso, en hechos repudiables como las genocidas cruzadas católicas,  la criminal ‘Santa’ inquisición, o en la pretensión del grupo terrorista islámico ISIS de gobernar al medio oriente.

Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas“. -Lucas 16:13: 13; “Dad al César lo del César y a Dios lo de Dios” -Lucas 20:25. Los llamados bíblicos a discernir sobre lo espiritual y lo terrenal son claros; sin embargo y para este caso, parece que esas líneas entre política, religión e intereses económicos, se desvanecen al fragor del  hipnotizante verbo del pastor y del político-católico, desvaneciendo también la esperanza de millones de colombianos, que han sufrido en carne propia la furia de una guerra de más de medio siglo y que ha arrojado las apocalípticas cifras de casi 300 mil muertos, miles de desaparecidos y más de 6 millones de desplazados internos (5).

El explosivo cóctel, descubierto en antaño, se mezcla ahora con miras a 2018. El cerillo de la manipulación de la fe está encendido y sólo el extintor de la educación puede apagarlo.

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Referencias

(1) https://www.kienyke.com/politica/iglesias-cristianas-uribismo-elecciones

(2) https://www.colombia.com/colombia-info/informacion-general/religion/

(3) http://www.semana.com/confidenciales-semanacom/articulo/el-alquiler-que-le-cobro-una-iglesia-cristiana-al-centro-democratico/524376
http://caracol.com.co/emisora/2017/04/16/cartagena/1492364318_206759.html
http://www.elespectador.com/noticias/judicial/escandalos-han-salpicado-iglesias-evangelicas-de-colomb-articulo-470881
http://www.semana.com/economia/articulo/el-patrimonio-de-las-iglesias-en-colombia/417701-3
http://boletrapo.com/2017/03/20/los-10-pastores-mas-ricos-del-mundo-ojo-en-la-lista-un-colombiano/

(4) http://confidencialcolombia.com/es/1/lo_mas_confidencial/30904/Uribismo-har%C3%A1-trizas-el-Acuerdo-de-Paz-si-gana-el-poder-en-2018-Centro-Democr%C3%A1tico-Acuerdo-de-Paz-Elecciones-2018.htm

(5) http://www.semana.com/nacion/articulo/victimas-del-conflicto-armado-en-colombia/376494-3

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Epicuro de Samos
Acerca de Epicuro de Samos
Miembro de Movimiento Naranja. Un joven del común, preocupado por la situación económica, política y social de nuestro país. Activista político en redes, por el despertar de la conciencia colectiva de la sociedad colombiana. “Que nadie, mientras sea joven, se muestre remiso en filosofar, ni, al llegar a viejo, de filosofar se canse. Porque, para alcanzar la salud del alma, nunca se es demasiado viejo ni demasiado joven.” –Epicuro