A LO MEJOR

 

Decida abandonar su burda y mundana percepción de la existencia.

Entonces beberá menos, no estará metido en una iglesia fingiendo ser buena persona y decidirá darle un buen trato a su mujer, así como una educación decente a su hijo(a).

Luego, su hijo(a) se permitirá soñar con que algún día abandonará la miseria que su ineptitud, irresponsabilidad y alguna especie de “voluntad divina” llamada suerte, gobierno o sociedad le forzaron a vivir.

Su cerebro saltará la tara y lo llevará a creer que es buena idea enseñarle a su hijo(a) que a lo mejor algún dia ese sueño se puede hacer realidad.

Por razones del “destino” usted concluye que, de las muchas formas de enseñarle a lograr ese sueño, la mejor vía es hablarle acerca del esfuerzo y la dedicación.

Opta por dejar de desperdiciar el poco dinero que gana con su esclavizante y bruta labor en banalidades e invierte en la crianza de su hijo(a), que resulta querer ser ingeniero(a), de esos que hacen puentes.

Como usted no ha logrado superar su fase de desarrollo tardío, lo impulsa por la básica razón de lo que su imaginario y el de su “selecto” círculo de amistades llama “estatus”.

Su hijo(a) se esfuerza durante once (11) años dedicando 2.200 días de su vida, o lo que es lo mismo (si su matemática se lo permite) a 13.200 horas para conseguir el grado escolar que le asegura dar un paso en la escalera para ingresar a la educación superior.

Luego, como usted no hace parte de la élite (así quiera actuar como si lo fuera) hará con gran versatilidad la maniobra de inscribir a su hijo(a) en una universidad pública.

En esa universidad solo admiten sesenta (60) estudiantes para la carrera que su hijo(a) desea, pero a grito tendido todo el mundo dice que los sesenta (60) cupos están vendidos, incluso, como saben de sus alcances rastreros, le ponen en contacto con quien le facilita el fraude por una módica suma.

Su hijo(a) anhela estudiar allí.

Como gracias a su crianza se convirtió en una persona que reconoce el valor del esfuerzo, se destacó durante esas 13.200 horas por ser el (la) mejor.

Para lograrlo, hizo todo lo opuesto a lo que un mediocre como usted haría. Fue responsable, hizo sus labores, priorizó sus actividades y realizó sacrificios.

Eso lo llevó a sentir que lo que había logrado lo tenía merecido, y no se equivocaba.

Por ende, deniega su oferta de ayuda corrupta y le explica que tiene las capacidades para lograr estar entre esos sesenta (60) admitidos sin necesidad de hacerse un criminal temprano.

Pero tampoco se equivocaban los que decían que los sesenta (60) cupos estaban vendidos. Su hijo(a) quien pudo ser el primero gracias a sus 13.200 horas bien invertidas quedó de sesenta y uno (61) (como para el despiste), detrás de personas a quienes nunca les importó el valor de ese tiempo, sino el valor del dinero mal habido.

Su hijo(a), frustrado(a) pero no derrotado(a), decide aceptar renunciar a esa fracción del sueño de su vida pues no está dispuesto a ceder su dignidad. Decide estudiar en otra parte, dedicando 160 semanas de su vida o lo que es lo mismo, 6.400 horas en medio de grandes dificultades para sostenerse en un lugar lejano a su familia.

Se esfuerza por destacar y mantener su nivel en tanto observa como muchos, sin necesidad de hacer nada, logran comprar unos números que reflejan su “excelencia académica” y su bajeza ética inversamente proporcional.

Con todo y lo que le cuesta a usted dejar de ser un imbécil, toma buenas decisiones que le permiten a su hijo(a) llegar a obtener el título que para él(ella) costó sueño, salud, confort y vida, y que para usted representa “estatus”.

Sale a un mercado laboral en donde es un número insignificante, que no vale las 19.600 horas de formación que lleva acumuladas.

Intenta vincularse a una entidad pública en donde prometen no pedir experiencia, pero compite con otros en “Igualdad” de condiciones.

Luego se entera que también venden las pruebas para acceder a ese empleo (¿le recuerda en algo la Universidad?).

Entonces él(ella) le preguntará: “Si se trata de comprar y vender ¿por qué no ponen un anuncio en internet que diga: SE VENDE CARGO DE INGENIERO SIN EXPERIENCIA. Y que gane el que más plata tenga; eso al menos respetaría una ley económica: la de oferta y demanda.”

Pero obvio que su hijo no podría hacer parte de ese mercado porque carga con el peso de la honestidad… usted en cambio no le ve nada de malo.

El caso es que usted conoce al hijo del primo de una vecina (de esas rezandera que piensan que diciendo “dios mío” en cada frase se les quita el lastre), y como él si tiene dinero de verdad, a pesar de ser el más rezagado del grupo de estudiantes en el que se graduó su hijo(a), le corresponde a usted arrastrarse rogando una oportunidad.

Terminan contratándolo como por una especie de lástima mezclada con la bien llamada “caridad cristiana”, eso sí, recordándole que a usted le están haciendo un favor. Su hijo(a) termina haciendo todo el trabajo (lógicamente por su excelencia), con unas condiciones indignas hasta para el ser más insignificante.

Aun así, como su hijo se resiste a ser un mediocre, acepta. Se esfuerza una vez más soportando una jornada de 2.250 horas al año, en donde le pagan un millón de pesos (claro, sin seguridad social ni prestaciones).

Y luego, un día usted compartirá un almuerzo con él(ella) y viendo en los falsos medios de desinformación la caída de un puente, su hijo(a) le explicará detalle por detalle que eso no es ningún “error” como dicen en la TV, sino que se robaron la plata, como para variar. Y luego, con gran maestría le explicará como él(ella) podría hacer un puente dos veces más firme y a mitad de costo.

Después de la escaza hora que le hacen el favor de darle para atragantarse de comida, perderá la dignidad, soltará el plato plástico y se irá a cumplir horario por un insulto de pago que le hacen el favor de darle.

Y a lo mejor, justo pasadas las 21851 horas, preciso en aquel momento, usted: el que se queja de la falta de oportunidades, el que se abruma por la pobreza, el que envidia el éxito y el progreso que su “estatus” le prometía, el que a pesar de todo su sucio pasado de fraudes a pequeña escala sigue siendo un inconsciente visceral, pueda racionar que la corrupción es una ruleta que dispara en la dirección menos imaginada.

¿Qué pensaría su hijo(a) si supiera que un día usted hizo aquello que a él(ella) mismo(a) le quitó tantas oportunidades de hacer sus sueños realidad?

El corrupto siempre paga, solo que no sabe cuánto ni cuándo.

 

11/01/2020

 

01:13

 

Jozzalex

J.M.C.G

 

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