Como canal de cambio, la educación

¿Hacia dónde observamos cuando nadie nos ve? ¿Hacia la ley o el instinto? El instinto es un impulso natural que cambia en cada individuo por razones sociales, psicológicas, orgánicas…, y la ley es lo que nos protege de quienes, no controlan su instinto, se podría decir, en cada país existe un patrón de comportamiento que forma en cierta medida al ciudadano; el colombiano por ejemplo tiene una tendencia de omitir por completo lo que ve o a involucrarse con sentimiento, sin embargo, lo correcto parte, en que esto depende de cada situación y de su ética.

Se llega a decir que la gente solo cumple la ley solo si tiene un policía al lado, por miedo a la sanción más que a la repercusión personal, y eso se refleja a diario con un simple viaje en carro detallando la forma en que conducen los otros conductores. Los colombianos somos propensos a esas «jugaditas», unos más que otros, sin embargo, lo hacemos. Le jugamos sucio a la ética y a los derechos escudados en la moral individual, pero cuando nos vemos afectados por ello, deja de ser un comportamiento aceptable y cotidiano para convertirse en una ofensa que alimenta las acciones fuera de la ley, porque también en general el que le toca probar de sus propios métodos es el que tiene las peores reacciones, un factor psicológico.

¿Es posible controlar esto?

Claro que sí, La educación como base de la sociedad es la fuente de cualquier cambio social. En Colombia lastimosamente carecemos de buena educación, aun teniendo profesionales maravillosos y llamativos a la escucha, pero generalmente son mitigados por la represión laboral, social o gubernamental, dejando a la deriva un cerebro amplio que al final solo se llena de lo que ve a su alrededor. Una persona saludable tiene todas las herramientas para decidir si algo está mal o no, pero no en todos los casos por eso es fundamental la academia en este proceso de construcción del individuo como elemento diáfano en la sociedad, y especialmente en la comunidad en la que se forma y luego se posiciona.

Es tan importante la buena educación, que evitaría o al menos reduciría sustancialmente que funcionarios públicos, en general mal formados, sirvan al público de manera déspota, inepta y dilatoria y dirigentes más éticos.

Pero aquí estamos, dando lo mejor de cada uno en diferentes espacios para tratar de mitigar lo que nos arrebatan a conveniencia.

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John Garcia
Acerca de John Garcia
Escritor, fotógrafo y crítico profano. Admirador y defensor de la naturaleza.